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ENTRE LINEAS

Sueños

Enero: Mes de las 'remajas'

Enero: Mes de las 'remajas' ¿A que si?

Lo que tenemos el uno del otro

Lo que tenemos el uno del otro

Lo único que tiene de Él son sus palabras, trazos virtuales que le regala a través de “La Red”. Ella recoge, una a una, las letras que componen los vocablos guardándolos celosamente en el recipiente de sus sentimientos. Cada noche cierra los ojos para derramar sobre su cuerpo el contenido de ese tarro como si se tratase de su mejor esencia. Le gusta notar como las gotas resbalan por su piel, humedeciéndola. Reúne con sus manos las pequeñas partículas para que ni una sola se pierda, repartiéndolas suave y delicadamente por el cuello, los pechos, el vientre, los muslos y llevándolas finalmente hasta sus entrañas, la última morada de Él.

 

 

 

 

 


 

Me encontrarás despierto aunque esté soñando

Me encontrarás despierto aunque esté soñando

Doy mil y una vueltas en el espacio de mi cama intentando recorrer el camino que me lleve hasta los sueños. Es inútil. Tu ausencia no la puedo llenar de quimeras, ni el vacío que dejas cuando te vas de ilusiones. El silencio de la noche, roto por los latidos del corazón desbocado cuando te pienso, trae a mi mente el único momento de cordura que tengo en este mundo de alucinaciones, de espejismos, de esperanzas que he creado entorno a ti. Y, no sé porqué prodigio en ese instante, el microcosmos que me rodea adquiere sentido. Es la soledad, la misma señora que enfría mis sábanas y aisla sentimientos, quién teje los hilos de la gigantesca tela de araña que me atrapa en la vigilia. Es la soledad quién me mantiene despierto para que me dé cuenta de lo difícil que resulta no encontrarte a mi lado esta noche, todas las noches. Es la soledad, la misma dama dueña de mi desesperanza y mis entelequias, a quién temo. Es ella quién provoca mi insomnio y me hace esperar lo imposible. Por eso, cuando me encuentres, estaré despierto aunque tal vez, en ese momento ya solo sea un espejismo y tú la luz del día. De lo que sí estoy convencido es que en la habitación sonará esta melodía...

 

 

 

Donde rompe la espuma

Donde rompe la espuma

No hay unión más duradera que la de un mar o un océano con la orilla donde baten sus olas. Sea el encuentro suave y tranquilo o pasional y violento, la conexión entre el agua salada y la arena no se destruye nunca. En el cruce de uno y otra, manso o vehemente, nace la espuma como hija siempre querida. Por eso me gusta ir a la playa y caminar descalzo en esa intersección donde emerge la espuma, efervescencia de amor que cosquillea mi espíritu y me hace sonreír.

Lluvia del pasado

Lluvia del pasado

Si pudiésemos llevar una cámara de televisión a cualquier estrella para que en ella se viese nuestra vida en la Tierra, estaríamos viendo nuestro pasado. Nos fascina contemplar el cielo y ver esa infinidad de puntos luminosos que cuelgan de él. Nos sobrecoge observar nuestro pasado, aquello que fuímos, lo que quisimos ser, lo que soñamos ser. Por eso, por las estrellas, construímos relatos, inventamos leyendas, soñamos con viajar a ellas. Viajar a nuestro pasado, volver a él. Un pasado que ya hemos construído, que ya hemos inventado y al que nunca más regresaremos hasta que no se invente un vehículo capaz de llevarnos a las estrellas.

 

Esta próxima madrugada habrá lluvia de estrellas , lloverá pasado. Ejercerá sobre nosotros el mismo hechizo de siempre al admirarla sin temor a qué, por mucha intensidad que tenga la lluvia, ninguna estrella caerá sobre nosotros. Y es que por mucho que el pasado se mueva en el Universo, es imposible cambiar su curso.

A veces...

A veces...

… me gusta pasear por el cielo notando como mis pies se hunden en la ingravidez de su imaginaria superficie. Mirar hacia la tierra para sentir el vértigo de saberme partícula en esa inmensidad de vida que me envuelve.

 

… me agrada andar durante horas y sentarme en una nube para descansar. Pensar en el camino recorrido y creer que, aunque no me quede mucho hasta llegar a mi destino, lo que resta será su continuación.

 

 

 

… me encanta tener a las aves como compañeras en mi tránsito. Ellas me ofrecerán su espalda para transportarme a algún planeta próximo en el que me pueda recostar para continuar mi itinerario por el cielo recorriéndolo, esta vez, con mis ojos. Y así, tumbado boca arriba, esperar que caiga la noche para envolverme con el hechizo de las dueñas del firmamento, la Luna y las estrellas.

 

 


 

… deseo estar así, solo, imaginando que vuelo entre nubes blancas, galopando a lomos de un pájaro de grandes alas y escuchar el silencio que me llega desde la oscuridad iluminada por la luz de la Luna y las estrellas.


A veces, como hoy, me encuentro cansado y sin embargo, siento la necesidad de perderme en el infinito.

Viaje a las estrellas

Viaje a las estrellas

Desde muy pequeño, en las noches de verano, le gustaba estirarse en el césped del jardín de su casa con la mirada puesta en el cielo viendo como goteaba de estrellas. Tantas noches se pasaba contemplándolas que acabó conociendo el nombre de las constelaciones que formaban. Andrómeda, Cassiopea, Hércules, Orión, Pegaso, Perseo … y tantas otras que pasaron a formar parte de su Universo. “Algún día llegaré hasta ellas”, se decía y tenía la esperanza que podría viajar a todas de la misma manera que, cada noche de verano, sus ojos las recorrían de punta a punta del cielo en tan solo unos minutos.

 

Una noche su deseo se hizo realidad y pasó a buscarle un enviado del gobierno interestelar (y es que nadie se libra de lo malo ni en el universo) en una nave espacial.

 

- “No puedes viajar a todas las constelaciones”, le dijo el enviado de las estrellas, “Las distancias entre ellas son tan grandes que tu vida solo te da tiempo a que conozcas una parte de una sola constelación. Debes decidirte por una de ellas. La que quieras”

- “¡Pero es que las quiero a todas!”, exclamó el viajante interestelar muy contrariado.

- “Solo una. Decide”

 

No pudo decidirse por ninguna, así que nunca viajó a las estrellas...

 

Ahora, como cuando era pequeño, le gusta tumbarse en el césped del jardín de su casa para contemplar las estrellas pero, a diferencia de entonces, no puede verlas. Lágrimas negras se lo impiden.

Limpieza general en una mañana de domingo

Limpieza general en una mañana de domingo

Sueña, como siempre acostumbra a hacer, que camina descalza por una playa solitaria, cada vez que sale al pasillo. Entra en cuevas abandonadas desde hace siglos cada vez que comienza en una nueva habitación a hacer una "exploración pormenorizada" de lo que allí ha acontecido durante tan largo abandono… Escucha el sonido del mar, siempre nuevo y diferente, con cada nueva canción que empieza en el CD que suena en el aparato del comedor...

 

Hay una cueva más complicada que las demás, ya que pertenece a un capitán de piratas que cada tesoro que encuentra por la vida, lo esconde como si fuera el más preciado... sin un orden aparente pero con el recuerdo exacto de qué tesoro es, dónde lo encontró y dónde lo depositó. Esta es la cueva que más dificultad ofrece, y en la que tendrá que ir con sumo cuidado pues cada movimiento en falso llevará una penalización verbal en cualquier momento que habrá de asumir inventando cualquier falsa historia.

 

Ahora sube al acantilado y, desde las alturas, se sorprende por la gran cantidad de corales que se han instalado en la zona -ya sabe que los corales están en las profundidades marinas, pero estas son profundidades instaladas en las alturas (allá cada cual lo que vaya entendiendo) corales tan unidos que ni siquiera se ve un centímetro de la roca que les sirve para anidar.

 

Allí, en los acantilados -estos si que son complicados y difíciles y que mayor dosis de capacidad imaginativa requieren- campan sus sueños más íntimos… la belleza del acantilado y la bravura de las aguas rompiendo en ellos, le hace sentir bien.

 

Pero le da miedo mirar el abismo y sueña con que Él ha venido a sujetar sus piernas… ¿o son sus muslos, tal vez? Pues no. No son ni las piernas ni los muslos. Desde donde Él se encuentra ha decidido realizar una labor investigadora con aspectos nada científicos aprovechando que quizá Ella necesite su ayuda... pero la sorpresa se la ha llevado Él. Una sorpresa grata, en la que sus dedos no han dejado de recorrer el largo camino hacia las profundidades durante el tiempo que ha durado su ayuda en ese acantilado. El encuentro para Ella fue delicioso, haciendo más intensa la mecha de la pasión que ya llevaba encendida en su mente y en su cuerpo desde el desayuno.

 

En esta tediosa mañana de domingo, enfocada a la limpieza general y necesaria, ha estado fantaseando todo el tiempo con Él, desde antes de comenzar, desde que se vistió y decidió no vestirse, no vestirse por dentro, y taparse ligeramente por fuera.

Tiempo

Tiempo

El tiempo abre surcos haciendo que las porciones que separa sean completamente distintas. Lo que ayer era un vergél, hoy es tierra yerma. El objeto del deseo de ayer, es hoy desgana. A quién hoy nos causa indiferencia, ayer amábamos. Aquello que ayer nos parecía un sinvivir, hoy nos hace sonreir cuando lo recordamos. Por eso es un buen aliado, decimos. Lo cura todo, repetimos. Cada situación tiene su tiempo, insistimos. Pone a cada un@ en su lugar, sentenciamos.

 

El tiempo excava en nuestra vida permitiendo que quepan en su cauce, los frutos de las semillas que dejamos. Es generoso, tanto, que a pesar de dejarlo pasar, se nos sigue ofreciendo. Él siempre se queda y se hace visible en nuestro rostro, en nuestras manos y en nuestra alma.

 

El tiempo abre zanjas en el propio tiempo y no permite el tránsito por los puentes de nuestra nostalgia, que se empeña tercamente en unir un lado con el otro. No es bueno circular por ellos intentando volver a juntar lo que él ha separado, intentando vivir el pasado. Ese tiempo no existe. Sólo vive el que es, padre del que vendrá.

Cuentos

Cuentos

Aunque os cueste creerlo por mi casa han pasado seres increíbles capaces de protagonizar las historias más fascinantes que podáis imaginar.

 

 

He conocido héroes asombrosos que siempre salían victoriosos de las batallas que libraban contra los enemigos que amenazaban la supervivencia de la Humanidad, por muy poderosos que estos fuesen.

 

 

Me he rodeado de paladines enfrascados en mil y una causas defendiendo las causas de los más desfavorecidos.

 

 

 

 

 

 

He vivido en castillos que sólo se conocen en las leyendas y hablado con los personajes que la habitaban.

 

 

Aprendí la asignatura de fantasía y con ella viajé a las estrellas montado en una alfombra mágica.

 

 

 

 

 

Recuerdo que en uno de los planetas en los que estuve existía un bosque encantado habitado por seres extraordinarios que construían casas de chocolate y subían al cielo trepando en vainas de guisante.

 

 

Hadas, elfos y querubines siempre salían victoriosos de las malvadas brujas, gargameles y demonios.

 

 

Me instruí en el lenguaje de los animales y desarrollé uno propio para comunicarme con los ríos, las montañas y las flores…

 

 

Y todo lo hice para, en estos años, explicarle cuentos a Rosa, mi hija. Hoy cumple doce años y ella ha decidido que esa es la frontera que marca el paso de la infancia a la adolescencia. Dentro de muy poquito tiempo, los cuentos, se los explicarán otros. Solo deseo que Ella siga revoloteando por los confines del Universo.

 

 

Felicitats amor meu. T’estimo.

Un escrito que no va a ninguna parte

Un escrito que no va a ninguna parte Principios de páginas y diarios que flotan sin rumbo en el Mar de La Red, en universos llenos de agujeros negros que transportan a espacios llenos de conjeturas. Suposiciones que sumen en el desencanto.

 

Pensamientos a la deriva de los que brotan obsesiones. Obsesiones que se hunden en arquetipos acuñados en la falsedad.

 

Ideas  que emergen y se traspapelan en la confusión de lo indefinible, transmutándolas en inexplicables y adornadas de confusas imágenes que entierran realidades que desdibujan sus formas.

 

Descripciones que se ocultan tras estructuras erróneas, fabricando modelos falibles que se reflejan en los espejos irradiados de soledad.

 

Bosquejos. Esbozos que siempre acaban en caricatura.

 

Conceptos que vencen, que humillan.

 

Finales que te destruyen.

 

Por eso, este escrito, no va a ninguna parte.

La hija de los dioses

La hija de los dioses

Los dioses quisieron hacerme un regalo y me enviaron a una de sus hijas. Salió de entre la multitud y aunque yo la reconocí al instante ella no reparó en mí hasta que casi me tuvo encima. Seguro que fue mi sonrisa, inevitable señal de mi satisfacción al encontrarme con ella, la que me delató. Aproveché los besos en la mejilla de nuestro saludo convencional, para tener el primer contacto con su piel y su aroma y así sintetizar el conjunto. Algo nerviosos empezamos a caminar avenida abajo, charlando sobre la primera banalidad que saqué de la chistera, a la vez que con el rabillo del ojo trataba de observar la figura de aquella mujer. Era esbelta y eso le daba un cierto aire de fragilidad que tanto nos encandilan a los hombres. Su sonrisa, amplia y luminosa, me atrajo con descaro. No quería perderme ni un solo detalle de su mirada, tan dulce como la miel que daba color a sus ojos.

 



 

Pensé que un encuentro como aquél, merecía el mar como testigo. Y allí fuimos. La música del oleaje y el tono cálido de sus palabras formaban una partitura que me transportó hasta su Olimpo. Y así, entre sonrisas, miradas de fuego, manos que intentan enlazarse, transcurrió nuestra cena. Entre penumbra y deseo. Quería besar aquellos labios, buscar el nido de su lengua para enroscarme con ella y apretarme a su cuerpo en un abrazo sublime. Deseaba sentir el tacto de su piel y que su olor impregnase hasta el último milímetro de mi cuerpo…





“… y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo de aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua...”

 

Esas palabras resonaban en mi cabeza cuándo desperté esta mañana de mi sueño. El olor a jazmín que exhalaba mi cuerpo, la sonrisa dibujada en mis labios y el sabor a fruta madura que aún guardaba mi lengua me hicieron pensar en el fantástico regalo que los dioses me habían hecho.

Palabras para un sueño

Palabras para un sueño Palabra tras palabra creamos un sueño
Sueño tras sueño construimos una ilusión
Ilusión tras ilusión formamos una vida
Dos vidas que se juntan para ser del mismo dueño

Vengo a traeros el Sol

Vengo a traeros el Sol Vengo a traeros el Sol. Quedároslo porque no lo necesito. Hoy tengo una cita con la Luna para dar un paseo por las estrellas.

Mi silencio

Mi silencio

Oigo mi silencio a través de las palabras que me escribes y sé que su color es violeta. Hasta he podido acariciar su textura cuando, esta mañana dormitando en nuestra cama, he cogido tus manos suplicando que te quedaras. Mi silencio no es oscuro, porque cuando me miras lo iluminas. Y has conseguido que, mi silencio no tenga ese significado de soledad que siempre me acompañaba porque, esté donde esté, lo llenas tú.

El vuelo de la mariposa

El  vuelo de la mariposa

Hoy quiero ser mariposa para tener la suficiente fuerza en mis alas y poder alcanzar las más altas cotas de la imprudencia. Me es igual el riesgo porque sé que, allá arriba, me encontraré contigo y, si por algún motivo, no estás y pierdo rápidamente el equilibrio y me estrello contra la Luna o las nubes, me da lo mismo. Se que renaceré con el único propósito de volver a buscarte,,,

 

Hoy quiero ser mariposa y unas veces seré blanca, otras amarilla, pero lo que no debes dudar es que mi interior será rojo, como esa pasión que me provocas, aunque sé que me ves azul cuando soy presa del romanticismo…

 

Hoy quiero ser mariposa, de día y de noche, para que me puedas ver radiante con la luz y me ilumines con tus ojos en la oscuridad.

 

Hoy y mañana y al otro y hasta cuando se agote el Universo, seré mariposa para que me des tus palabras.

Día de tránsito

Día de tránsito

Es jueves y, como me sucede los jueves , es un día de tránsito para mí. Nada nuevo bajo este cielo que anda entre cubrirse y despejarse. Me hubiese gustado que pasase algo, pero no está siendo así. El jueves sigue su tránsito y dudo que mi comentario tan personal que publiqué ayer se lo crea alguien . El jueves, todos andamos compartiendo el sueño del próximo fin de semana.


Es jueves, día de tránsito, como una vez escribí empleando mis manos, que no son de oro , pero que encierran el tesoro de más de una caricia en el alma y del suave roce de unos trémulos labios. Y es que de la orgía de sentimientos, no quiero jubilarme .

Es jueves, día de tránsito que se acabará llevando, junto con mis pensamientos, esa brisa urbana que sopla hoy en la ciudad arrastrándolo todo hasta los arrecifes .

Somos

Somos

Somos deseo, anhelo.

Somos lo que no decimos.

Somos nuestros sueños.

Somos inconsciente posible, conciencia inalcanzable.

Somos la oscuridad que sigue a la luz que no vemos.

Somos pensamiento futuro, pasado que no fue.

Somos cuerpos de agua, océanos de dudas.

Somos bellezas que piensan, fealdades de escaparate.

Somos nosotros, unión de soledades.

Somos lo que nos falta, lo que no tenemos.

Somos seres por defecto.

Imagínate...

Imagínate...

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ADAPTACION LIBRE:


Imagínate que no hay paraíso y tampoco infierno bajo nuestros pies. Verás que es fácil si lo intentas…

Por encima nuestro el cielo, las nubes, el Sol, la Luna, las estrellas y, un poco más allá, el Universo que nos espera.

 

 

Imagínate a toda la gente viviendo cada día con una sonrisa en los labios, las manos tendidas y los brazos dispuestos siempre para el abrazo sincero.

 

 

Imagínate que no hay países, ni religiones. No es difícil hacerlo…

Se acabaron las excusas por las que matar o morir.

 

 

Imagínate a todas las personas viviendo la vida en Paz, sin posesiones. Desaparecería la codicia y el hambre.

 

 

Imagínate a todo el mundo compartiendo, una hermandad del hombre y para el hombre.

 

 

Podrás decir que soy un soñador pero imagínate que te unes a él, como muchos lo hicieron antes. Si hacemos de ese sueño el sueño de todos, el mundo vivirá como uno solo.

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ORIGINAL:

 

 

 

 

Imagine there’s no heaven,

It’s easy if you try,

No hell below us,

Above us only sky,

Imagine all the people

living for today...

 

Imagine there’s no countries,

It isn’t hard to do,

Nothing to kill or die for,

No religion too,

Imagine all the people

living life in peace...

 

Imagine no possessions,

I wonder if you can,

No need for greed or hunger,

A brotherhood of man,

Imagine all the people

Sharing all the world...

 

You may say I’m a dreamer,

but I’m not the only one,

I hope some day you’ll join us,

And the world will live as one.

 

 

( John Lennon, poeta; 9/10/1940-8/12/1980)

 

Para leer escuchando Tristesse de Chopin

Para leer escuchando Tristesse de Chopin

Se puso frente a ella. En el aire volaban partículas doradas que parecían provenir de la inmensa esfera y se adherían a sus cuerpos dejándolos iridiscentes. Dos estatuas de sol.

 

Los dedos de Andreu acariciaron despacio, indecisos, el perfil de los labios de Aurora, temiendo borrarlos conn el gesto. Su boca se acercó húmeda de aliento hasta posarse en los párpados cerrados de la mujer de viento. Una música lenta, de silencios en vuelos. Un beso ingrávido suspendido en un hilo de seda.

 

Quería sentir sin romperla. Temía que aquella pasión se le desbocara como caballo nocturno, pero no pudo evitarlo. Por lo menos no sus dedos, que resbalaron desde el cuello blanquísimo, nacimiento de piel palpitante, hasta rozar el centro del escote, metiéndose entre dos montañas de piel que se erguían respondiendo vivas.

 

 

Aurora, que no podía abrir los ojos, inmovilizada como estaba de placer, sentía aquellos dedos como diminutos pájaros en fuga dentro de su corpiño; teñían de ansias con sus plumas rojas no sólo las zonas tocadas, sino los lugares más impenetrables de su cuerpo. Aún no se habían besado y ya su piel se le caía en suspiros. No podía detenerlo. Sabía que sólo bastaba una palabra, su propia mano o una mirada abierta para impedir que la tocara, pero su voluntad no la escuchaba; había desplegado por fín sus alas y volaba por encima de ella misma... enseñándole el placer del primer vuelo.

 

Su cuerpo tocado por encima de su traje de sombras se deshacía en las manos de Andreu. Se sentía sol quemante bajo esa luz lunar, piel hecha de teclas... Piano. Aquellos dedos le arrancaban sinfonías nunca sentidas ni en el mejor concierto.

 

Sólo después, su boca buscó sedienta los labios de él, que la aguardaban como rosa abierta, húmeda lengua, dulce enredo de pasiones delineando bordes, poseyendo aquél espacio de palabras mudas, de mieles nuevas. ¿Quiénes eran?. En ese beso sólo se identificaba una pasión y amor de siglos retenidos; de instante florecido.

 

Cuanto más se entrelazaban sus lenguas, más crecía aquella luna. ¿Era una luna? Un viento solar les soplaba corrientes de luz. Aquella esfera inmensa se había refractado en óvalos de aurora llameantes, partículas solares, llamaradas onduladas de colores rojizos. Un Mediterráneo combustionado en fuegos. Una aurora boreal insólita.

 

Presos en ese campo magnético de amor y en una intensidad lenta, permanecieron besándose; el amor se les vaciaba por las bocas; se lamían el alma con sus lenguas hasta quedar sedientos de más besos. Entonces volvían a empezar, si hablar. Con sus bocas sangrantes, de besos dados y por dar, que se vaciaban y llenaban insaciables.

 

Cuando las luces celestiales se quemaron en el cielo y en el mar, y la negrura los vistió de negro, sus bocas cansadas se replegaron en silencio. Un abrazo los unía en la noche cerrada. El restaurante estaba a oscuras, todo dormía. Todo, menos sus cuerpos y sus almas.

 

("El penúltimo sueño" de Àngela Becerra)